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Actividades internacionales |
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Dos reuniones, dos estilos Luis Vicente Miguelez
Esta breve crónica es la de dos encuentros, la de dos viajes cuya motivación fue para mí la plena convicción de que la práctica del psicoanálisis requiere poner en discusión, en diálogo con otros, lo real de su experiencia. El camino freudiano que invita al viaje, seduce al viajero con su variada geografía y sus distintas lenguas. Aceptando la dispersión babélica en la que se configura su experiencia, paso a relatar, con sus diferencias y coincidencias, lo más vivo de estas convocatorias de las que fui de la partida. Empezaré por la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. El hecho de que se haya realizado en Tucumán habla de por sí de una apuesta firmemente sostenida por las instituciones organizadoras. Sabía que la provincia fue azotada brutalmente por la crisis, no obstante al llegar me impactó percibir lo lejos que están de sanar sus heridas. Rezuma conflicto social, tensión, agobio, pobreza. Se intuye que el esfuerzo por llevar adelante la convocatoria con el nivel de organización y de confortabilidad con el que se realizó debió haber sido enorme. La hospitalidad con la que fuimos recibidos, la calidez y entusiasmo de los organizadores tucumanos puso en todo momento un marco muy propicio y amigable al encuentro. Por otra parte, volvió a manifestarse que el dispositivo de la Lacanoamericana no solo goza de buena salud sino que funcionó admirablemente. Este modo de funcionamiento permite sostener en el marco de una convocatoria realizada por instituciones algo totalmente diferente a una reunión inter-institucional. Pone en juego una política del nombre propio en tanto cada analista habla desde el lugar en el que su análisis y su práctica lo sitúa, lo que genera un espacio en el que la singularidad de la experiencia de cada uno logra ponerse en diálogo con la de los otros en una actividad compartida. Hubo además un nuevo ingrediente en esta reunión. De las novecientas personas que participamos del evento, hubo cuatrocientos estudiantes y cien colegas de menos de cinco años de recibidos. No solo fue la reunión con más inscriptos de su historia sino que el alto número de gente joven le imprimió un desarrollo más dinámico al encuentro. Fue un verdadero acierto plantear un precio diferencial en las inscripciones, lo que posibilitó el acercamiento de estudiantes y colegas jóvenes. Todo viajero que se precie, disfruta de la diversidad de paisajes y culturas. Esta reunión tuvo algo de esto revitalizó la apuesta por la diversidad que nos reúne, que en definitiva es lo que mantiene vivo al psicoanálisis. El otro viaje fue a Río de Janeiro, cidade maravilhosa. Efectivamente lo sigue siendo, tanto, que uno se pregunta sobre lo difícil que debe resultar practicar el psicoanálisis en Río. Hay una presencia tan espectacular del paisaje, del mar, de las garotas y del samba que – comentábamos entre porteños – tiene que ser muy fuerte el deseo del analista para retenerte en el consultorio. El evento de Río fue el II Encuentro Mundial de los Estados Generales del Psicoanálisis cuya primera instancia ocurrió en Paris en el año 2000. Este movimiento es por cierto bastante reciente, está en plena formación y transita por momentos organizativos de cambios y experimentación. La amplitud del llamamiento a una apuesta por la diversidad y el diálogo abierto, en pos de un psicoanálisis que se interrogue sobre sus propias resistencias, fue lo que hizo que un grupo de colegas de Buenos Aires nos acercáramos desde su inicio a la convocatoria. También nos atrajo la propuesta por una política en nombre propio que depusiera toda jerarquía institucional para la circulación de la palabra y un fuerte interés por vincular al psicoanálisis con lo social, lo político y lo cultural. Además de los dos encuentros mundiales se realizaron tres latinoamericanos, dos en San Pablo y el último en Buenos Aires de los que fui parte de su organización. La diferencia existente entre los encuentros mundiales y los latinoamericanos se puso nuevamente de manifiesto: gira en torno al dispositivo con el que se realizan. El mundial de Río, lo mismo que el anterior en Paris, funcionó mediante asambleas plenarias multitudinarias, de aproximadamente seiscientas personas, en las cuales colegas en función – lector, eran los encargados de presentar ante el auditorio su lectura de un conjunto de textos agrupados previamente por su temática. Una vez expuestas estas puntuaciones de los textos se abría el debate general. Mi posición al respecto, que comparto con muchos colegas, es que de esta manera se pierde el carácter convocante a nombre propio, al hacer de la instancia enunciativa una instancia segunda en la que se comenta lo que otro planteó. Más allá de la dedicación que pusieron los lectores en su tarea, fue evidente que la falta de autor a quien preguntar, agravado esto por el carácter necesariamente sintético de los comentarios sobre cada texto, fue un obstáculo para la profundización rigurosa del debate. Aún así el encuentro tuvo una importancia particular, se puso de relieve en las discusiones generales el múltiple interés de los psicoanalistas por reflexionar sobre el contexto social, político, y cultural en el que hoy se desenvuelve nuestra práctica. Es altamente instructivo escuchar de los colegas brasileños sobre el espacio de frontera en el que se desarrolla gran parte de su experiencia analítica, en instituciones y centros que se ocupan de poblaciones marginales y altamente castigadas por la pobreza. Las conferencias de Toni Negri y de Tariq Alí despertaron pasiones encontradas y pusieron en evidencia el carácter interrumpido y fragmentario de las reflexiones sobre el mundo contemporáneo. En fin, una apuesta a poner al psicoanálisis en diálogo con los otros y salir de posiciones que a veces nos llevan a mordernos la cola. Tal vez se trate de esto, de que podamos abrir nuestras orejas a los otros y de que podamos tomar la palabra más allá de lo ya dicho para dar cuenta de nuestra experiencia con el padecer y con el deseo. En síntesis, la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis recuperó en Tucumán la fuerza del deseo que le dio nacimiento y demostró la pertinencia de su apuesta. Los Estados Generales del Psicoanálisis presentaron en Río las dificultades de un movimiento en ciernes cuya mayor virtud es buscar abrirse a una reflexión sobre la diversidad que no se cierre en posiciones dogmáticas. Final de viaje.
La Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis 2003 tuvo lugar del 22 al 25 de octubre en la ciudad de San Miguel de Tucumán. El II Encuentro Mundial de los Estados Generales del Psicoanálisis se realizó en la ciudad de Río de Janeiro entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre de 2003.
Publicado en Psicolibro de diciembre de 2003, publicación de la Editorial Paidós.
Luis Vicente Miguelez lmiguelez@fibertel.com.ar Coordinador de Reuniones de la Biblioteca, institución convocante a la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Autor del libro Jugar la palabra. Presencias de la transferencia de reciente publicación |