Quienes somos

Es una red de grupos de investigación que se propone llevar la reflexión psicoanalítica a los diversos terrenos en los que se desarrolla su práctica.

Surgió del ciclo de conferencias ¿Que cura en el  Psicoanálisis? a cargo de Carlos A. Guzzetti y Luis Vicente Miguelez, que se lleva a cabo desde 1995 en el espacio cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación.  La idea convocante es trabajar la implicación mutua de la práctica psicoanalítica y la cultura de nuestro tiempo.

Por la vía de la reconsideración de los conceptos teóricos proponemos abrir un espacio de reflexión sobra la subjetividad actual y trabajar no sólo las resistencias que se oponen al psicoanálisis sino  también las que provienen de su propio campo discursivo 

En este terreno no se trata de la corroboración de la doctrina sino de posibilitar la  producción de lo nuevo, puesta juego de la invención y la creatividad

18 de diciembre de 2004

Momento de reafirmación instituyente y Aparición Libro Identidad y Lazo Social

Carlos Guzzetti:

En alguna ocasión J. L. Borges afirmó que la noción de texto definitivo pertenece a la religión o al cansancio.

Muchos de nosotros formamos parte de una generación de psicoanalistas formados en la búsqueda del texto definitivo.

La generación anterior contaba con la obra escrita de Melanie Klein, que marcó durante décadas una manera de analizar y de transmitir el legado freudiano, muchas veces a costa de múltiples simplificaciones y con el resultado de una doctrina que parecía absolutamente consistente.

No obstante, esos fueron tiempos de una gran producción teórica y clínica en el medio local, con los aportes de grandes analistas que ampliaron el campo de la práctica a ámbitos inéditos hasta entonces. Arminda Aberasturi, Enrique Pichon Rivière, José Bleger, Mimí Langer, entre los fundadores del psicoanálisis argentino, introdujeron a nuestra disciplina en hospitales, universidades e instituciones. Esas marcas fundacionales dieron lugar a la continuidad de estas investigaciones por parte de otros, más jóvenes entonces, entre los que quisiera destacar a Fernando Ulloa, Emilio Rodrigué y Ricardo Malfé, éste último desaparecido prematuramente el año pasado. La obra de todos ellos, tal vez algo descuidada durante mucho tiempo, hizo frente decididamente a ambos peligros contra los que Borges advertía, hablando en castellano.

Precisamente gracias a Pichon llega al Río de la Plata la obra del gran renovador de mediados del siglo pasado, quien, además de someter el texto freudiano a un minucioso escrutinio crítico y de recrear la clínica encorsetada en una ortodoxia fatigada, hizo hablar al psicoanálisis en otra lengua, el francés. Me refiero, como es obvio, a Jacques Lacan. Así el psicoanálisis pasó del alemán al inglés y al español (recordemos que la primera traducción de Freud fue a la lengua castellana) y luego al francés. En este caso el texto definitivo estaba por establecerse. Lo más voluminoso de la obra de Lacan radica en su enseñanza oral, por lo cual hemos sido testigos de feroces batallas por la fidelidad de sus textos, sobre todo una vez muerto su autor, cuando no era posible preguntarle qué había querido decir.

En este punto comenzamos nuestra formación quienes hoy estamos trabajando en Buenos Aires y en muchos otros centros de gran desarrollo psicoanalítico.

La extraordinaria apertura instituyente que significó el estudio de los escritos y seminarios, impulsada en principio por Masotta permitió que se afirmara y generalizara la incidencia de los psicoanalistas en el campo de la salud mental, la educación y los más amplios ámbitos de la cultura, vigente hoy más que nunca.

A lo largo de los años, como un funesto designio, lo más dinámico del pensamiento francés fue tomando posiciones en el seno de lo instituido y la peste anunciada fue poco a poco convirtiéndose en una simple enfermedad infantil, como el sarampión o la varicela.

Y aquí me permitiré referirme a una historia más personal, que en definitiva dio origen a la posibilidad de que hoy estemos aquí reunidos. En una inolvidable reunión de amigos hace ya diez años cumplidos, con una copa de buen tinto en la mano, nos reencontramos Luis y yo –viejos conocidos por entonces, con muchas experiencias y pecados juveniles compartidos- y al calor de la charla fuimos descubriendo muchas afinidades. Cada uno de nosotros venía de atravesar crisis y desgarramientos institucionales que nos habían dejado la enseñanza de que no es posible analizar como sacerdotes de un culto ni vencidos por la fatiga. Encontramos un punto de contacto en el estudio de la obra de Sandor Ferenczi que ambos separadamente llevábamos a cabo. Y así nos propusimos dictar un ciclo de conferencias en un ámbito público, de cruce entre la cultura y la política, como fue la Biblioteca del Congreso, ciclo que comenzó en 1995.

Nos impulsó el deseo de actualizar el diálogo entre la clínica psicoanalítica y el pensamiento crítico sobre la cultura, no con la pretensión de aplicar los saberes teóricos al análisis de otras disciplinas, sino, por el contrario, para nutrir nuestra práctica con lo que la subjetividad de nuestro tiempo impone a las doctrinas instituidas. “¿Qué cura en el psicoanálisis?” fue la pregunta que guió esos primeros tiempos y que dio origen a un primer libro en coautoría.

De allí en más el movimiento fue cobrando su propia dinámica y la ola que generamos nos fue impulsando, al punto que muchas veces nos sentimos como el famoso aprendiz de brujo –todos recordamos el episodio de la Fantasía de Walt Disney sobre la obra musical de Paul Dukas-. La iniciativa y el empuje de muchos colegas se sumó a lo que inicialmente había sido una singular folie à deux.

Así es que en 1998 realizamos las primeras jornadas anuales sobre Violencia y Desamparo, que constituyeron el segundo acto instituyente de lo que hoy es Reuniones de la Biblioteca.

En esa ocasión hicimos lo que veníamos diciendo: dialogamos con más de 700 asistentes que provenían de los más diversos campos de la cultura, educadores, filósofos, políticos, juristas, artistas y por supuesto, psicoanalistas, marcando un hito en la pequeña historia de nuestra institución y también demostrando una excelente puntería sobre los aspectos más salientes del malestar de nuestro tiempo. Es así que muchos otros grupos se ocuparon luego de generalizar este debate, que hoy, ya entrado el siglo XXI se demuestra más urgente que nunca.

A esas primeras jornadas sucedieron una por año: Figuras del padre, Pensar lo nuevo, Identidad y lazo social –cuyo resultado es el libro que hoy presentamos-, Lenguas, gestos, miradas, La experiencia real del análisis y la de este año sobre Intervenciones de los analistas. Todo este trayecto puede recorrerse en nuestra página web que, al mismo tiempo que registro de la memoria, es uno de los instrumentos más fecundos de la red y un vínculo fundamental con interlocutores de todo el mundo.

Inmediatamente después de esas jornadas inaugurales se consagra el nombre que nos identifica: Reuniones de la Biblioteca, y que expresa el espíritu que nos anima. Diálogo abierto, despojado de adhesividades doctrinarias, concebimos, ya entre muchos, la idea de una red de trabajo con múltiples cruces, anudamientos y desanudamientos, que nos permitiera llevar adelante una tarea que entendemos esencial: la investigación en psicoanálisis, indisoluble de la clínica y sobre todo de la diversidad de prácticas que los analistas llevamos a cabo en cada lugar de trabajo.

En vez de establecer una distinción tajante –como es pretensión de cierta opinión circulante- entre la ortodoxia analítica y las experiencias reales de cada analista sobre los variados modos de padecimiento, venimos tratando de encontrar un posicionamiento ético frente al traumatismo que la vida social contemporánea impone a los sujetos. De allí nuestra afirmación de que lo que el psicoanálisis introduce en la modernidad es un nuevo lazo social. En este sentido el imperativo que nos compete como analistas es la defensa del sujeto frente a los variados modos de desagregación, aplastamiento o aniquilación que ejerce la sociedad del consumo, la inmediatez de las imágenes y la pasión destructiva  del capitalismo en descomposición. Y esto en cada lugar en que los analistas trabajamos, poniendo de relieve la singularidad de cada práctica.

Se conforma así un universo de diversidades que precisan encontrar su lugar y sus tiempos de despliegue. Nuestra red de investigación en psicoanálisis pretende pues dar cabida a estas diversidades, que requieren de un permanente cuestionamiento de los saberes constituidos, siempre insuficientes en relación a las tareas por delante. El concepto de hospitalidad enmarca este trabajo siempre inacabado donde todo lazo posible está sostenido en la enunciación de cada cual. Esta es otra de las bases sobre las cuales asentamos nuestra red. Tomar la palabra es la libertad que el análisis ofrece al sujeto padeciente. También entre nosotros, analistas, este principio debe hacerse valer. No en nombre de uno u otro maestro sino en la posibilidad de construir el propio a través del diálogo con los otros.

El libro que hoy presentamos trata sobre la identidad y el lazo social y constituye una bisagra en el recorrido de nuestra historia. Es también una pregunta por nosotros mismos, los analistas, y el lugar que nos cabe en el nuevo siglo.

Por todo esto quiero agradecer nuevamente a los presentes, amigos y colegas, que hacen posible el diálogo fecundo y la esperanza en el porvenir.

Luis Vicente Miguelez:

Cuando en el año 2001 propusimos como tema a investigar el de la identidad y el lazo social, no sospechábamos los alcances y efectos que iría teniendo en nuestro grupo y que llegan hasta hoy día. Uno de ellos, que es el que me interesa retomar ahora, fue el de ponernos a pensar sobre el espacio propio y sobre el vínculo con los otros.

Reuniones de la Biblioteca se constituyó como un grupo de afinidad donde lo que nos reunía y que sigue aún hoy haciéndolo, es el hacer lugar a lo nuevo, al desafío de la clínica que conduce a considerar insuficiente toda teoría con relación a la práctica. Y fundamentalmente se trataba de evitar la pasión que embarga a muchos, la de andar delimitando el campo del psicoanálisis. Nos propusimos desde el inicio no ser agrimensores.

Aceptar la diversidad amplía el horizonte de nuestro quehacer e introduce el elemento lúdico en el trabajo teórico, esto es, la sorpresa y la invención. Esta manera de encarar el lazo entre analistas fue creando relaciones de afinidad, de diálogo y de trabajo que se fueron ampliando a lo largo de estos años. Reuniones se planteó desde su fundación como grupo abierto, de fronteras imprecisas, donde se transitaba libremente. Algunas veces se estaba adentro, otras afuera y a veces ni. Esto era bueno y era malo. Bueno en tanto posibilita un movimiento de disolución de ciertas formas de lo establecido que de persistir se convierten en una verdadera esclerosis. Y es malo porque acelera la entropía natural de los grupos. La fuerza disolvente va ganándole la pulseada al trabajo productivo y al lazo social. Es en este sentido que la disolución permanente de lo instituido puede agotar las fuerzas instituyentes.

Esta tensión constante exige de una lectura oportuna de aquellas situaciones que se constituyen en analizadores de la situación grupal, a fin de dar con las respuestas que posibiliten una suerte de equilibrio entre lo disolutivo y lo instituyente.

En el momento en que propusimos encarar el tema de investigación sobre la identidad y el lazo social no éramos del todo conscientes de que estábamos pensando no solamente sobre una cuestión general sino bien particular. Se trataba, como nos fuimos enterando entre todos, también de poner en análisis el quién éramos y el qué queríamos.

En algunos momentos con algunas luces, en otros con ciertas sombras fuimos transitando el camino de darnos una identidad que no se cerrara sobre si misma, y fundamentalmente que no excluyera ni  lo otro,  ni a los otros. Pienso que una institución psicoanalítica funciona más o menos bien cuando tiene sus fronteras más allá de sus propios límites.

Y así fuimos llegando al momento actual. Momento de reafirmación instituyente. Anunciamos hoy la publicación del libro sobre la identidad que presenta además a una serie editorial llamada Reuniones. Acción de doble gatillo, que por un lado brega por la continuidad identitaria en el tiempo y por otro hace de la identidad un asunto diferido, tanto en lo temporal, ya que se propone como serie, esto es, se constituye en falta con respecto a lo porvenir y también porque introduce con el término reuniones el juego de las diferencias.

Pero hoy anunciamos también, y esto es lo que nos causa mayor vértigo que  nos aventuramos a darnos una nueva organización institucional y un dispositivo de trabajo y convocatoria de mayor alcance al que teníamos.

Transformarse de un grupo en una institución es un proceso largo y conflictivo. Pasa lo que pasa siempre, íbamos siendo reconocidos como institución cuando aún nos pensamos como grupo. La mirada de los otros sabemos que tiene fuerza constitutiva, pero lo que nos lleva a dar ese paso, a proponernos una transformación en lo organizativo y en la convocatoria, no es tanto la mirada de los otros como el hecho de comprender que lo ya instituido empezaba a hacer resistencia al trabajo creativo. Apostamos entonces por darle a la red un carácter institucional que preserve lo abierto del funcionamiento y favorezca las iniciativas y la diversidad.

El brindis de hoy  además de saludar el trabajo compartido y los lazos de amistad, tiene un carácter fundacional,  por lo tanto conlleva el anhelo, tal vez utópico y no por eso ilegítimo, de compatibilizar un consenso normativo y organizativo institucional con la libertad y la creatividad que requiere el  quehacer analítico en tanto experiencia del inconsciente.

Entrevista para el Boletín virtual de la Red, Edición del 25 de julio del 2002

Como ya es habitual, pues son siete los años en que hemos ocupado ese espacio, el  miércoles 14 de Agosto dará comienzo  el octavo Ciclo Conferencias: ¿qué cura en el psicoanálisis? en la Biblioteca del Congreso de la Nación,

Nos acercamos a Carlos Guzzetti y a Luis Vicente Miguelez para que en el actual contexto social nos aporten sus reflexiones ante este comienzo:

¿cuáles  fueron las inquietudes  que los motivaron hace siete años a fundar este espacio y  precisamente en este "lugar"?

·                             LVM: La pregunta sobre ¿qué cura en el psicoanálisis? que dio lugar a este ciclo hace siete años sigue estando plenamente vigente. Así como sirve de guía en torno a nuestra reflexión sobre la pertinencia de las herramientas conceptuales y teóricas con que contamos para llevar adelante nuestra clínica, al poner en discusión los resortes mismos de la cura analítica se propone como un modo de trabajo sobre las diferentes formas que asumen las resistencias propias del psicoanálisis. Una de estas formas, entiendo que  es la de la institucionalización de los conceptos, que paraliza el espíritu crítico e inhibe la invención. 

·                 CG: Coincidíamos por entonces ambos en la idea de que la práctica teórica y clínica del psicoanálisis debe nutrirse del diálogo con los diversos discursos de la cultura de nuestro tiempo. Por otra parte ese es el único modo de que nuestro trabajo incida efectivamente sobre ella. De ahí nuestro interés en hablar de clínica psicoanalítica en el marco de un espacio institucional no psicoanalítico, como es la Biblioteca del Congreso, de hecho la más voluminosa del país. A ella también hemos aportado un libro, que recoge nuestros primeros trabajos en este ámbito. Por otra parte la construcción de la red, tal como hoy funciona, fue una tarea compartida con muchos otros colegas, en un clima amigable y riguroso. Creemos firmemente que el psicoanálisis es la invención freudiana de un nuevo lazo social en Occidente; eso debe entonces reflejarse tanto en la clínica como en la transferencia de trabajo entre los analistas.

 ¿cuales fueron a su entender los logros alcanzados y las expectativas futuras  de este espacio?

·                             LVM: Este trabajo constante que venimos haciendo sobre los conceptos y sobre nuestra práctica  llevó a que nos replanteáramos algunas cuestiones que considero habían sido dejadas de lado en la reflexión analítica de nuestro tiempo. Para enumerar sólo algunos temas, el problema de lo que se ha llamado contratransferencia, la presencia real del analista en la cura, las vicisitudes del pensar lo nuevo, la dimensión que asume el otro en la subjetividad y la problemática de la identidad y la diversidad, etc. Cuestiones todas que están fuertemente entramadas con la problemática social y cultural de nuestro tiempo, a la que el psicoanálisis no puede ser ajeno. Más si entendemos su práctica como un nuevo lazo social. Creo que estas consideraciones sobre la subjetividad y la cultura llevan a que las conferencias tengan un público que va más allá del ambiente analítico, y eso retorna en una exigencia de reflexión sobre lo sobreentendido, sobre lo que funciona como moneda común en nuestro decir. Cosa que particularmente tiene un efecto motivador en mi trabajo.

·                             CG: En nuestro medio los conceptos analíticos suelen operar como verdaderos passwords que sirven para identificar las filiaciones teóricas, perdiendo de este modo buena parte de su capacidad productiva. Estos años de trabajo compartido, además de significar un estímulo al pensar, nos han permitido plantearnos preguntas transversales, siempre orientadas por la clínica. Asimismo, las Jornadas anuales vienen siendo una oportunidad de debatir estas ideas con muchos colegas, artistas e intelectuales. El trabajo en red con la herramienta de la página web, unido a la labor de los grupos de investigación, favorece la continuidad. Estamos en pleno desarrollo del tema de este año, que anuda los problemas clínicos de la presencia del analista y lo traumático de su labor, con las figuras de la alteridad que predominan en nuestra cultura, las dimensiones del otro en la subjetividad de nuestra época.

 

¿y para finalizar qué reflexiones les suscita el relacionar este espacio de debate y la crisis actual Argentina?

·                             LVM: La crisis Argentina entiendo que es una crisis que rebasa lo económico, que afecta fuertemente a la cultura y a los lazos sociales entre los argentinos y que se enmarca dentro de una política global destructiva de un capitalismo salvaje que abandonó toda pretensión de justificación social y ética de su razón de ser. El desamparo de Latinoamérica forma parte del desamparo en que está gran parte del mundo. Pero no debemos olvidar que para salir de esta crisis tenemos que ponernos a reflexionar colectivamente sobre cuál es la responsabilidad que nos compete en el desastre que nos aqueja. Y esta es una tarea cuya complejidad y dificultad puede que nos supere como comunidad. Me pregunto en un texto reciente que escribí sobre la crisis, si "¿será posible que las fuerzas de la cultura encuentren la manera de  constituir un lazo social suficientemente atemperado de destructividad colectiva?". Creo que hoy día es una tarea inmediata ya que estamos afectados por una forma de micro guerra civil encubierta que desborda lo meramente delictivo y desemboca en una violencia social de gran magnitud. Es en este marco que viene a ubicarse como un pequeño grano de arena este ciclo en la Biblioteca del Congreso,- insistimos en que sea allí porque por más devaluada y corrompida que se encuentre la política es el espacio de la democracia el único posible para generar alguna transformación que no sea la de la destrucción colectiva-. un pequeñísimo aporte, decía, a la reflexión. Este año al ocuparnos de las miradas, de los gestos, y de las lenguas, de sus confusiones y de sus encuentros, nos ocuparemos de cómo los otros, de cómo los otros en uno y uno en los otros vamos constituyendo una forma de colectivo social específico. También pretendemos pensar acerca de la presencia de ese otro que es el analista en el interior de un nuevo lazo social que es la cura analítica. Se me hace necesario destacar un hecho, si bien estas conferencias comenzaron siendo una actividad de Carlos y mía, hoy en día son parte del trabajo que la red de investigación en psicoanálisis Reuniones de la Biblioteca, todos sus miembros y amigos venimos realizando anualmente a través de grupos de investigación y reuniones periódicas. Es en el marco de este trabajo colectivo que estas conferencias,hoy encuentran su continuidad y entusiasmo.

·                             CG: Nuestro país ha sido escenario de la destrucción sistemática de su economía y junto con ella los lazos sociales más fundamentales, todo al compás de la globalización del terrorismo financiero. La violencia y el desamparo -nuestras primeras jornadas fueron sobre ese tema- son el sello de los tiempos. La clínica cotidiana nos enfrenta con ello. La crisis generalizada por la que atravesamos exige de cada uno la puesta en acción de sus recursos más genuinos. Mas de 100 años de psicoanálisis lo han demostrado como un método terapéutico eficaz y duradero, capaz de liberar la creatividad y la inventiva de cada uno. Su resorte es el poder de la palabra y la responsabilidad subjetiva sobre su enunciación. Es crucial entonces que podamos enriquecer nuestras herramientas conceptuales para estar a la altura de la clínica que se nos impone en estos tiempos. No hay lugar para un pensamiento dogmático-religioso ni segregativo, porque está en juego el porvenir del psicoanálisis. Estamos, a mi entender, en tiempos de trauma social y el psicoanálisis cuenta con herramientas para pensarlo y contribuir a su tramitación subjetiva, que sólo es posible mediante la reconstitución de los lazos con los otros para una labor compartida. Hace tiempo vengo incluyendo en esta reflexión la noción de hospitalidad, como recurso para hacer frente a la crueldad que se impone en la vida social y que infiltra las relaciones más íntimas de los sujetos.

                                                                           del Boletín virtual Nº 4-               

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