Seminario

Herramientas de la cura psicoanalítica: Interpretación, construcción, elaboración

Luis Vicente Miguelez

 

2° Reunión

24/08/05

 

Haré un breve resumen de la vez anterior para después entrar en la que tengo pensado desarrollar hoy que es sobre las construcciones en psicoanálisis.  Cuando terminé la charla la vez pasada, me hicieron algunas preguntas referidas a la diferencias entre  interpretación y construcción. Les dije que en esta oportunidad íbamos a ocuparnos de situar esas diferencias. Este va a ser el tema de la charla de hoy.

 

Recordaran que la vez pasada planteé que la interpretación analítica era algo  muy distinto al descifrar. De ahí que no coincidía con el planteo que hacía un pensador como Ricoeur, que colocaba al psicoanálisis dentro de lo que llama las ciencias hermenéuticas. Mi punto de vista al respecto es que Freud se va apartando de la perspectiva de pensar al psicoanálisis como una hermenéutica, y esto , decía la vez pasada, queda bastante claro en el texto “Construcciones en psicoanálisis”. El otro punto que trabajé pone en  relación la interpretación analítica y el delirio interpretativo. Hoy lo voy a retomar para intentar darle otra vuelta. La vez anterior  cité Psicopatología de la Vida Cotidiana, texto 1905, y Construcciones en Psicoanálisis (1937) que es uno de los últimos, se encuentra que en ambos hay una preocupación por la relación entre la interpretación, o construcción en psicoanálisis y el delirio interpretativo. En Psicopatología de la Vida Cotidiana, de lo que se ocupa es de la similitud y de la diferencia con respecto a la interpretación paranoica. Es muy específico ahí, él plantea que en la paranoia el mecanismo de la interpretación es inherente a su sistema de pensamiento, en dónde todo es interpretable. Hay un riego del análisis, y es el de caer en ese furor interpretandis. Entiendo que Freud lo reconoce cuando formula esa frase que cité la vez anterior, -y que para mi siempre fue importante por la manera de situar el trabajo analítico en el  filo o la frontera entre la interpretación y el delirio-, en diálogo con  Ferenczi:  “yo triunfé en donde el paranoico fracasa”.

Una de las cosas que subrayé la vez pasada era la importancia de que no todo es interpretable. Es decir, para mí esto hace una gran diferencia con respecto al delirio paranoico donde todo entraría dentro del sistema interpretante.

El otro tema que desarrollé tenía que ver con el valor performativo de la interpretación. Con respecto a esto, quiero subrayar hoy solamente un aspecto, que la interpretación constituye al sujeto al que se dirige. Esto es lo fundamentalmente performativo de la interpretación. No se dirige al yo del enunciado  sino que la interpretación  constituye un sujeto de la enunciación. Por ese motivo dije que no es hablar sobre alguien, sino hablarle a alguien; y este es uno de los mejores efectos de la interpretación. Reunía esto con la idea de que toda interpretación tenía algo de mutualidad, en tanto constituye a quien se dirige y a quien habla. También mutualidad porque afecta la corporeidad. Tomé una frase de Winnicott que dice que “la interpretación es una especie de contacto físico”. Finalmente, concluía en que la fuerza interpretativa tiene su fuente en la capacidad de constituir un sujeto en el campo del deseo, es decir un sujeto deseante.

 

También en otro momento nos ocupamos de los materiales con los que se construye una interpretación. “La construcción de una interpretación se hace con jirones, con jirones de relatos”, dice Freud. Es interesante porque en esa frase toma a la interpretación como una construcción, como algo que se construye con jirones. Dije entonces que la construcción estaría en el fundamento de todo acto analítico, y sería algo así como la quintaesencia de la interpretación pero también su límite,

Se presentó sobre el final un diálogo  interesante en torno al texto, si hay o no un texto sobre el que interpretar. Voy a retomar algo de eso también.

 

Entonces, finalmente, desde Psicopatología de la Vida Cotidiana hasta Construcciones en Psicoanálisis, una preocupación freudiana había sido la de diferenciar el delirio interpretativo de la interpretación; en Construcciones se ocupa además de pensar cuál es el grado de confiabilidad de la construcción. Recordarán como comienza ese texto, con ese amigo adversario que le formula la crítica de que el psicoanálisis siempre confirma sus hipótesis con la fórmula de “si sale cara gano yo, si sale ceca pierde usted”; para el “amigo” el psicoanalista  encuentra siempre  la forma de convalidar cualquier interpretación que formule. Freud le responde que una interpretación o construcción no se convalida ni por el asentimiento, ni por la negativa del paciente. Esto es muy importante, Freud afirma que la confiabilidad de una interpretación no estaría asegurada por el asentimiento del paciente sobre la verdad de la misma. Las condiciones de refutabilidad no están presentadas por el lado de la aceptación o el rechazo del paciente. La capacidad de que una intervención analítica, una interpretación o construcción, produzca nuevas asociaciones será para Freud el mejor camino para confiar en su acierto; por el impulso que esta dé al proceso analítico y porque se produzca o no un nuevo material asociado a ella. Él lo llama nuevos recuerdos. Donde pone el acento es en la producción de lo nuevo, de lo discursivo nuevo que aparece, luego de una interpretación. No es que el paciente le diga “sí, es esto lo que me pasa”, ni que le diga  “no...” por lo que él se va a guiar; porque en ambos casos puede tratarse de una resistencia. En el asentimiento también puede tratarse de resistencia, es decir es aceptar algo para no avanzar en el camino asociativo. Entonces, lo que a él le da verdaderamente confiabilidad es la producción de nuevo discurso, de algo nuevo. No es que la interpretación viene a dar una significación nueva, sino a crear las condiciones de su posibilidad. Ahí también tenemos una diferencia con la hermenéutica. No se trata de encontrar un sentido a partir de ciertos indicios; sino de la construcción de su posibilidad, que no es lo mismo que  la significación misma. A esto yo lo voy a llamar el trabajo de la interpretación, así como hablamos del trabajo del duelo y del trabajo del sueño, con quienes está emparentado. Verdaderamente en el psicoanálisis ambos trabajos, el trabajo de la interpretación y el trabajo del duelo estarían caminando por el mismo carril. Para decirlo rápidamente, hay un proceso que se da en el trabajo de duelo, que también se encuentra en el trabajo de la interpretación, que es el de la aceptación de una pérdida. En el caso de la interpretación, la pérdida que se va a jugar es la del sentido, y en el caso del duelo sabemos que se trata de la aceptación de la pérdida de un ser querido, de un objeto libidinizado. Ambos trabajos abrirían nuevos rumbos: levantan fijaciones, anclajes. En el caso de la interpretación la fijación a un sentido único, en el caso del duelo a lo que serían las sombras del muerto. Se podría decir que en el trabajo del duelo el salvataje proviene de situar la pérdida y de habilitar la sustitución de lo insustituible. Uno podría definir el trabajo de duelo en estos términos. Hay algo definitivamente insustituible que se juega en la pérdida, pero que el trabajo de duelo posibilita un movimiento de sustitución.

 

El trabajo de la interpretación también opera en el plano de la sustitución y del desplazamiento, y libera la fijación a un sentido congelado. En ese sentido es que se emparentan, en la tarea de la sustitución y del desplazamiento.

 

Tomemos nuevamente la definición que yo critiqué la vez pasada, la que da el diccionario de psicoanálisis, el famoso diccionario de psicoanálisis de Laplanche y Pontalis. Dice, en su parte inicial, que la interpretación es el “proceso mediante el que se le hace accesible al sujeto el sentido latente de un material, o se le hace conciente algo inconsciente”. Lo criticamos la vez pasada, así que no voy a reiterar la crítica. Voy a tomar un camino diferente. Supongamos que esta definición es correcta...démosla por válida, en este planteo de “proceso mediante el que se le hace accesible al sujeto el sentido latente de un material o se le hace conciente algo inconsciente”, aproximaría el trabajo de la interpretación a la tarea de traducción. Se trata de pasar de un sistema a otro más comprensible. Pasar un sentido de una lengua a otra, lo que estaba en una lengua desconocida a una conocida. Se trata de decir algo en una lengua conocida, que estaba  dicho en otra lengua; habría un sentido equivalente en una y en otra. Lo que ahí se pone en juego es la idea de un pasaje, de un campo a otro. Nos encontramos con que en ese pasaje se da un trabajo, por ejemplo el trabajo de la traducción. Todo traductor encuentra la resistencia en este pasaje. Es famoso esto, la gran dificultad que se le plantea a todo traductor serio de pasar eso que aparece como un sentido en una lengua, a otra lengua. Se encuentra con que algo ahí no es necesariamente fiel, el famoso aforismo, tradutore, traditore. Ese aforismo está planteando el gran problema que ahí se plantea; porque evidentemente habría una suerte de heterogeneidad radical entre las lenguas, que no resulta fácil de vencer; al pasar de una lengua a otra, lo que varía es el sentido. El sentido no permanece, es decir que hay una transmutación de sentido. Esto que es resistencia, que es drama, dificultad para el traductor, es lo que habilita la interpretación. Es decir, aquello que es el obstáculo que tiene que superar el traductor, - hay distintas maneras y distintas teorías sobre cómo afrontarlo, pero que es vivido como una situación dificultosa, hasta dramática,- resulta lo que posibilita la interpretación psicoanalítica. Recuerdan que esto es lo que Lacan planteaba en sus escritos apoyándose en el aporte de la lingüística saussureana. Tanto en Función y Campo de la Palabra, como  en La Instancia de la Letra, lo que él va definiendo es la barra infranqueable a la significación. Tomando el signo saussureano “significante/significado”, lo que le interesaba subrayar no era esa unidad, sino lo infranqueable de la barra. Él lo llama “lo infranqueable de la barra en la significación”, lo que hace imposible pasar de un significante a otro significante en otra lengua, pretendiendo que hay un sentido común que se pueda trasladar íntegro, sin transmutación. Esta inadecuación estructural, porque para Lacan es una inadecuación estructural producto de esta relación entre el significante y el significado, es la condición, la vía propiciatoria del trabajo mismo de la interpretación. Y a su vez, lo que separa el horizonte de la traducción del horizonte de la interpretación como cuestiones que funcionan en andariveles distintos. Porque el acto de interpretación psicoanalítica no opera, como intenta la traducción, buscando equivalentes aunque no sean idénticos. Es decir, aún reconociendo el fracaso de la identidad de sentido en el pasaje de una lengua a otra, el traductor intenta buscar equivalentes, aunque ya reconoce que no van a ser idénticos. La intepretación psicoanalítica no opera así, sino por el contrario mediante la acentuación, puntuación  sobre el texto de aquellos significantes que resisten a la traducción. Con esto quiero decir que afecta de tal manera al texto, que posibilita nuevas escuchas. No transfiere de un sentido de un texto a otro; sino que opera en el mismo texto, produciendo acentuaciones, transmutaciones y puntuaciones que posibilitan una escucha diferente, otras escuchas.

 

Esto es lo que la vez anterior me llevó a aproximar la interpretación psicoanalítica a lo que era la interpretación en el plano artístico. A esa otra dimensión de la interpretación, que el diccionario de Maria Moliner diferencia del sentido común. Como la interpretación en música, donde la acentuación, la modificación, la puntuación en la interpretación de una partitura, hace y produce escuchas diferentes. Hay un trabajo sobre el texto que produce nuevas escuchas. Eso es lo que yo llamaba la vez anterior el elemento lúdico de la interpretación, que juega con la palabra y que juega la palabra misma. Esta transmutación lúdica del acto produce nuevos textos. Por eso, podemos decir que el acto de interpretación analítica teje nuevas texturas. En este sentido, es lo que dice Freud en Construcciones en Psicoanálisis, la interpretación es lo que se hace con un elemento singular del material: una ocurrencia, un acto fallido. Freud dice textualmente: “yo opino que la construcción es con mucho la designación más apropiada. Interpretación se refiere a lo que uno emprende con un elemento singular del material: una ocurrencia, una operación fallida, etc.”. Si uno lo toma como hacer texturas, en relación a lo que decía de tejer nuevas texturas, es que está operando sobre los nudos, sobre los enganches, sobre las aberturas del tejido, sobre las texturas del relato. Bien, yo quería situar entonces ahí el trabajo de interpretación.

 

Ahora vamos a tomar lo que pensaba desarrollar hoy que es la construcción analítica en su sentido específico. La interpretación es entonces, un trabajo, un hacer lúdico sobre el texto y las texturas del relato. Un acentuar más que un significar, un construir con jirones, como decía Freud. ¿Ahora que diferencia hay entre la interpretación y la construcción propiamente dicha, para el psicoanálisis?  Porque Freud plantea una diferencia y vale la pena leerla. Freud dice lo siguiente: “Si en la exposición de la técnica analítica se oye tan poco sobre construcciones, la razón de ello es que a cambio se habla de interpretaciones y su efecto. Pero yo opino que construcción es con mucho la designación más apropiada.” De ahí me basaba para hablar de la construcción como  la base, en toda interpretación hay un trabajo de construcción. Ahora bien, sigue diciendo Freud: “interpretación significa lo que uno emprende con un elemento singular del material: una ocurrencia, una operación fallida, etc. Es construcción, en cambio, que al analizado se le presente una pieza de su prehistoria olvidada.” Freud plantea que el propósito de la construcción es llenar una laguna. Sabemos que lo de olvidado es relativo porque como va a resultar de la propia lectura del texto de Construcciones en psicoanálisis, y de lo que uno puede reconocer como desarrollo posterior del psicoanálisis, no se va a tratar de algo verdaderamente olvidado, porque nunca llegó a ser plenamente consciente. Es decir, no podemos hablar con rigurosidad de un olvido de algo que no se dio nunca al ser conciente. Pero, sí, Freud plantea ahí que se trata de llenar una laguna, que se llena con un fragmento de esa prehistoria del sujeto.

Y en la misma dirección, Freud propone y opone al trabajo del recuerdo el de una operación conjetural. La idea de  construcción implica oponer al trabajo del recuerdo, una operación conjetural. Con lo cual establece, efectivamente, un límite a la reminiscencia.  A la idea de reminiscencia como un camino de análisis. Uno podría decir, más modernamente, a la vía metonímica del significante. Ahora la cuestión es que esa operación conjetural que plantea Freud como construcción, vincula un universal con un singular; y va de lo universal a lo singular y de lo singular a lo universal. Esto exige una serie de consideraciones y algunos problemitas. Empecemos por señalar que en todo construcción hay siempre algún elemento revelador del sistema teórico del analista. ¿Es esto diferente a una interpretación? Veremos. Hay si, en toda construcción un algo que revela el sistema teórico...uno puede leerlo, y en la experiencia de leer a analistas de otro momento de la historia del psicoanálisis se encuentra los sistemas de referencia con los que trabajaban en las construcciones que hacían. Lean a los kleinianos, a los psicoanalistas de la escuela del yo, los psicoanalistas de los años ’50 en Buenos Aires, los de los años ’70 y los más cercanos lacanianos, van a encontrar siempre en las construcciones alguna referencia, algún elemento revelador de el sistema teórico al que adhieren. También vimos que se puede aplicar de una manera diría brutal, en una construcción, un fragmento  de la teoría. Es decir, hacer de la construcción directamente un fragmento teórico y aplicarlo al paciente analizado. Por eso, yo pienso que la teoría no debería actuar en tanto un referente fundamental, sino poder pensarla como un precipitado. Es decir,  lo que en el analista se articula de su propia experiencia con el inconsciente con lo que fue conceptualizando de esta –tanto lo que recibió en su formación de sus maestros como lo que fue dialogando con sus colegas -. Su propia experiencia con el inconsciente hace con la teoría un precipitado. No deberíamos situarla como un saber referencial.

 

Lo cierto es que en la construcción se pone en juego, en tanto universal, algo de la teoría. Y si no veamos lo que Freud plantea como ejemplo, inmediatamente después, dice: “Es construcción, en cambio, que al analizado se le presente una pieza de su prehistoria olvidada. Por ejemplo de la siguiente manera: ‘Usted hasta el año X se ha considerado el único irrestricto poseedor de su madre. Vino entonces un segundo hijo y con él una seria desilusión, la madre lo abandonó a usted por un tiempo. Y luego, nunca volvió a consagrársele con exclusividad. Sus sentimientos hacia la madre devinieron ambivalentes. El padre ganó un nuevo significado para usted”. Es una construcción freudiana, un ejemplo de construcción freudiana. Uno dice, “Bueno qué hacemos con esto”. Está ahí, es un ejemplo, en el ’37 de lo que podría llamarse una construcción freudiana. Se reconoce en seguida que el complejo de Edipo, el  universal que hay ahí es el Edipo, está presente en esa construcción que se le formularía a un supuesto paciente. Pareciera que habría acá un punto de diferenciación con la interpretación; porque la interpretación pura, si puedo llamar por un rato interpretación pura, iría de lo singular a lo singular, se mueve en el terreno del discurso particular del paciente. Yo pienso, sin embargo, que en toda interpretación funciona una construcción subyacente, que pone de alguna manera un freno al furor de lo interpretante por el lado de interpretar todo. Detiene de alguna manera la catarsis significante, que daría lugar ya no a un psicoanálisis, sino a una suerte de logoterapia. Por más que una interpretación disimule sus construcciones subyacentes, estas existen por lo que no podemos hablar ciertamente de una “interpretación pura”.  Tampoco de una “construcción pura”, aún en la que leí de Freud. ¿Por qué? Porque si la leemos detenidamente, encontramos primero una referencia a la historia del paciente, “hasta su año X”; pero hay algo más importante para destacar en la construcción que la emparienta con la interpretación, que es que en toda construcción hay un elemento lúdico, esto contribuye a su eficacia. A eso  yo lo llamo el estilo en que se formula la construcción. Uno podría decir que la “elección”,

 -digo elección entrecomillado porque no es una elección plenamente conciente-, que hace el analista de sus frases, al formular una construcción, pone en juego la manera en que se articula el sedimento teórico con la relación transferencial en la que está situado. La fuerza de verdad de una construcción estaría fundamentalmente determinada no sólo por el acierto conjetural, sino por la singularidad de los términos discursivos empleados. Esta singularidad de los términos discursivos empleados impide que sólo se trate de un fragmento de teoría aplicado sobre el paciente. Ejemplos: el ejemplo que tomé la vez pasada del muchachito de la trompeta, el ejemplo que he trabajado varias veces y lo tengo en el libro Jugar la Palabra, del “loco soy yo”, que formula Winnicott en relación a un paciente, muestran como en la construcción misma se pone en escena un conjunto de elementos dramático-lúdicos.

Lo que importa en una construcción en tanto su eficacia o su validez no es solamente el aserto conjetural sino aquello que hace que resuene en el paciente como propia. Tal como en toda interpretación efectiva debe haber una especie de eco virtual, que resuena como “tu los has dicho”. Esto también tiene que poseer la construcción para no poseer  carácter de ajenidad.

Otra cuestión emparentada con ésta, es que entre el decir del analizado y la construcción que se propone hay un retorno; ocurre lo mismo con la interpretación, el efecto principal de la interpretación es que se produce el retorno del orden de lo reprimido. En cuanto a la construcción, entiendo que no es tanto del orden de lo reprimido lo que retorna sino de lo desmentido. Aquello, que constituye la manera peculiar de “ya lo sé, pero no”. La construcción viene a poner en juego lo desmentido, mientras la interpretación  más de lo reprimido. Freud en el texto que venimos trabajando en la página 267, dice lo siguiente: “El camino que parte de la construcción del analista, vendría a culminar en el recuerdo del analizado. Ahora bien, no siempre lleva tan lejos – la construcción debería culminar en un recuerdo pero no es así, o no es así la mayoría de la veces – “Con harta frecuencia, continúa Freud, no consigue llevar al paciente hasta el recuerdo de lo reprimido. En lugar de ello, si el análisis ha sido ejecutado de manera correcta, uno alcanza en él una convicción cierta sobre la verdad de la construcción, que en lo terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo recuperado”. “¿Bajo qué condiciones acontece esto y cómo es posible que un sustituto, al parecer no integral, produzca no obstante todo el efecto? He aquí una materia de investigación ulterior”. ¿Cómo trabajar esto? Es decir, ¿Por qué aquello, que efectivamente no tiene que ver con un recuerdo reprimido que emerge, tiene para el paciente un efecto terapéutico fundamental? ¿Cómo siendo un sustituto de lo reprimido es sin embargo terapéutico? ¿Por qué la construcción analítica que reemplaza al recuerdo tiene efecto terapéutico?

 

Primero veamos a qué verdad hace referencia Freud. En otros textos Freud va a distinguir  la verdad material, la verdad empírica, de esta otra verdad...

 

Entonces, no es a la verdad de los hechos a la que apunta este texto, sino fundamentalmente,  a la verdad del fantasma inconsciente. La construcción no se refiere a algo que pasó y no se recuerda, a esa laguna que hay que llenar; sino que viene a aportar algo que falta entre lo que pasó y el recuerdo. Esto es una escena, siempre está formulado como escena. Ustedes piensen cualquier construcción y verán que es una escena, donde intervienen varios personajes, donde se dramatiza una situación. El ejemplo de Freud es claro. Madre, padre, hijos, hermanitos, la desilusión, etc. Esta escena construída viene a situar una modalidad de goce. Tomemos “Pegan a un niño”, que es un ejemplo crucial para ver como ahí Freud postula que la segunda fase de toda la fantasía no tuvo existencia real, es una construcción del psicoanálisis, una conjetura, pero que arma toda la secuencia; su inclusión permite dar  sentido a todo. La pieza que falta, la central que arma el rompecabezas de “pegan a un niño” no pertenece al orden de lo olvidado. Es mi padre quien me pega, por lo tanto mi padre me ama. Esta ecuación, mi padre me pega, mi padre me ama;  está en relación con el goce, con una posición en cuanto al goce y al goce del Otro; es algo construido en el análisis. En la secuencia que él arma con respecto a la fantasía de “pegan a un niño”, el niño a quien se le pega primeramente es indiferente y quien le pega tampoco es discriminado, pero esto produce una excitación  que conduce a la masturbación. Ahora, en esta fantasía que él la va a analizar en un conjunto de pacientes, de mujeres más precisamente, encuentra que se compone de tres partes. La primera dice que el padre pega a un niño odiado por mí. Es decir, la fase edípica: el hermanito odiado es pegado por el padre (el niño anónimo es el hermanito). Ahora, dice, esto no explica la excitación sexual, produce satisfacción, pero no produce excitación. La segunda fase que es “yo soy golpeado por mi padre”, que tiene un indudable carácter masoquista, es la que le va a dar el carácter gozoso a toda la fantasía. Dice “esta segunda fase es la más importante de todas. En un cierto sentido, podemos decir que no ha tenido nunca existencia real. No es jamás recordada, ni ha tenido nunca acceso a la conciencia. Es una construcción del análisis, pero no por ello deja de constituir una necesidad”. La tercera fase, que sería “pegan a un niño”, disfraza, desdibuja, reprime el carácter de la fantasía y la transforma en un producto de compromiso.

 

Entonces, la segunda fase, dice Freud, no tuvo nunca existencia real. Es el fantasma el que organiza la modalidad de goce. La construcción revela un posicionamiento del sujeto en relación al goce y específicamente, en relación al goce del Otro, con otro y del Otro. Lo que da fuerza de convicción a la construcción es su acento referido a la infraestructura fantasmática, no a una realidad ocurrida. Esa necesidad de la trama, de la que habla Freud, es un elemento fantasmático, es el que ordena y produce una significación en eso que se presentaba como enigmático y que era la causa del goce de alguien.

 

Esto se conecta con lo que Freud denominó la prehistoria vivencial del sujeto; porque efectivamente en tanto prehistoria no tenemos relato, no tenemos una historia, es una construcción lo que podemos hacer.

 

Ahora bien, llegamos al final que planteaba al comienzo, ¿cuál es la diferencia entre la construcción delirante y la construcción psicoanalítica?. Freud fue claro en que había un punto que las conectaba; no voy a referirme nuevamente a lo que las diferencia, sino a lo que las conecta. Veamos, Freud parte de sus similitudes, para luego tratar de distinguirlas. El dice que también en la construcción psicótica, en la construcción delirante hay un elemento de verdad, un elemento de verdad rechazado, es lo que llama el grano de verdad de toda construcción delirante. Por eso, dice Freud, en toda construcción delirante encontramos, también, algo de la prehistoria vivencial del sujeto. Enseguida planteamos una diferencia, la construcción psicoanalítica es conjetural, la construcción delirante es certera. Es una diferencia importante, no la voy a desmerecer, pero tenemos que encontrar un elemento de diferenciación más profundo entre la construcción delirante y la construcción analítica. En el punto tercero de Construcciones  se nos coloca sobre la pista,  es el tema de la alucinación. ¿Qué lugar tiene la alucinación en un caso y en otro? Lo que Freud descubre es que la alucinación aparece en los dos casos. Esto es interesantísimo. Fíjense como lo dice Freud en el texto. Recuerdan lo que les leí de que el camino que parte de la construcción no siempre lleva tan lejos, no llega al recuerdo, que en verdad no se trata de la existencia real de un hecho. Dice a continuación: “Concluiré esta breve comunicación con algunas puntualizaciones que abren una perspectiva más vasta. En algunos análisis noté en los analizados un fenómeno sorprendente e incomprensible a primera vista, tras comunicarles yo una construcción a todas luces certera. Les acudían unos vívidos recuerdos, calificados de hipernítidos por ellos mismos. Sigue un poco más adelante “habría sido posible llamar alucinaciones a estos recuerdos hipernítidos de haberse sumado a su nitidez la creencia en su actualidad. Ahora bien, esta analogía cobró significación cuando llamó mi atención la ocasional ocurrencia de efectivas alucinaciones en otros casos, en modo alguno psicóticos. La ilación de pensamiento prosiguió entonces: Acaso sea un carácter universal de la alucinación no apreciado lo bastante hasta ahora, que dentro de ella retorne algo vivencial de la edad temprana y olvidado luego, algo que el niño vio u oyó, en la época en que apenas era capaz de lenguaje todavía, y que ahora esfuerza su ascenso a la conciencia, pero probablemente desfigurado y desplazado por efecto de las fuerzas que contrarían su retorno”

 

Ahora bien, sabemos que la construcción delirante se presentan como una respuesta a una alucinación. El caso del presidente Schreber es clarísimo, la alucinación que el tiene lo lleva a construir todos esos sistemas delirantes sobre los rayos de Dios, las distintas fases y todo lo que se desarrolla ahí tema del nacimiento de una nueva humanidad. Pero, recuerdan, que lo que desata esta construcción delirante es la alucinación auditiva. Lo visto y lo oído, es lo que dice Freud, que no es lo mismo que el lenguaje. Entonces, en la construcción psicótica hay un intento de introducir un relato interpretativo frente a lo alucinado. En cambio, en lo que venía leyendo, las breves alucinaciones que menciona Freud. vendrían a confirmar la veracidad del relato construido psicoanalíticamente. En un caso la construcción aparece como “respuesta” a la alucinación, en el otro, la breve alucinación se presenta como respuesta a la construcción que le formula el analista. En ambas situaciones nos encontramos con la alucinación, pero en distintos lugares. En el núcleo de toda construcción hay una remisión a lo visto y a lo oído, en tanto mirada y voz no estructuradas como lenguaje, como discurso. Es decir lo que situamos como aquello que no puede ser recordado, en tanto nunca fue relato, en toda construcción muerde algo de lo real; y puede provocar un pequeño retorno alucinatorio, (Caso del hombre de los lobos).

 

Lacan le reprocha a Freud llevar las cosas por el camino de la confirmación vivencial de la construcción hasta el extremo de producir la alucinación en el hombre de los lobos. Sin embargo, uno podría decir, que no es la insistencia de Freud, si bien Freud la tenía, - la que el hombre de los lobos le confirmara la teoría con el recuerdo de que él había visto efectivamente a los padres en coito-  lo que provoca la alucinación sino el que haya un lazo entre toda construcción y aquello que tiene que ver con lo visto y lo oído no lengualizable, no transformado en relato. Por eso, la alucinación vendría a ocupar el punto central en ambas: en una aparece como respuesta confirmatoria de la eficacia de lo construido, en la otra aparece como lo que genera una construcción delirante.

Finalmente de lo que se trata es del goce, de la relación que la construcción pone en juego en cuanto a la posición gozante del sujeto. Toda posición gozante vincula al sujeto con aquello  visto y oído en su prehistoria, no conformado como relato.

 

Abrimos entonces un espacio para las preguntas, el diálogo, las opiniones.

 

Participación: Me parece que una de las cuestiones  que diferencia construcción e interpretación, es que detrás de la construcción está el armado del fantasma...

 

Yo pienso que uno puede hablar de fantasma a partir de la construcción. Es decir, porque la construcción es la construcción del fantasma En la fantasía de “pegan a un niño”, entre esas dos fases que mencioné viene a construirse un fantasma, que nunca fue consciente, y es este: mi padre me pega, mi padre me ama. Este fantasma masoquista es lo que se construye. Se construye por primera vez como relato. Por eso dice Freud que no se trata de recordar algo olvidado, la construcción provoca la producción de este relato. Ahí hay una construcción del fantasma como relato. Lo que digo es que esto muerde necesariamente con lo vivenciado, lo visto y oído que sin tener condición de relato, puede ser construido; porque no había relato, pero sí algo del orden de esa vivencia de lo visto y lo oído, relación fundamental con el goce , también con lo que el sujeto “padeció” de ese goce.

 

Participación: ¿Esto lo relacionarías a este tiempo primero de haber sido objeto del deseo del otro? El tiempo primordial antes de que haya lenguaje.. De goce más que de deseo.

 

Sí, de goce. No de objeto de deseo, porque ahí corre por otro andarivel la cuestión. Ahí entraríamos en todo lo que es la vía significante, reprimida, que mueve todo el campo de la interpretación. Esto en cambio  es fundamentalmente del goce de lo que se trata.

 

Participación: ¿Algo pre-edípico, sin que aparezca un tercero?

 

Si llamas edípico a la posibilidad de relato, sí.

 

Participación: Yo quería saber si ese goce se actualiza bajo la forma de estos signos perceptuales que retornan ... Si ese goce se manifiesta de esa manera es porque hay algo  actualizado  en el escenario de la sesión psicoanalítica, donde esa construcción se produce. Me parece que lo que hay allí es del orden de un juego de poder, poder  de la palabra, donde un exceso de ese goce en juego en la sesión retorna. Yo creo que no hay que descuidar esta dimensión de la cuestión, sobre todo por lo que vos planteabas de lo performativo. Entonces, una construcción es capaz de producir un efecto tan devastador a un sujeto, en ese instante, como para que retornen estos fragmentos de lo visto y de lo oído y de lo más arcaico. Yo quería introducir esta dimensión de lo sugestivo que podría implicar una construcción psicoanalítica. Digo esto porque en cierto momento de la historia del psicoanálisis de Buenos Aires, el término “construcción” había caído en cierto desuso, o por lo menos en un desinterés. Y el trabajo del análisis estaba sostenido fundamentalmente por la idea de la interpretación Por ejemplo, interpretación idéntico a puntuación. Entonces, ahí se abren un abanico de cuestiones.

La idea era encontrar la interpretación pura, donde pudiese abstraerse o donde pudiese sustraerse esa presencia del analista con su voz, su entonación, su énfasis ... Puede ejercer en la situación mínima. Quería abrir esta otra cuestión.

 

No puse el acento en que esos recuerdos hipernítidos fueran algo perjudicial, o por el lado de su efecto negativo en la transferencia. Lo tomaba tal cual lo plantea Freud, como aquello que le sorprendía. Así como en una interpretación había nuevas asociaciones, después de la construcción podía encontrarse con que, entre esas nuevas asociaciones, había recuerdos hipernítidos, casi con el carácter de signos perceptivos, de tal naturaleza que algunos eran alucinatorios directamente. Pero esto no estaba en el campo de desbaratar la subjetividad, de producir alguna especie de brote, como en el caso de Rolla al que me referí la vez anterior, donde este hace una construcción y la brota.

 

Participación: pero vos señalabas la homogeneidad entre este tipo de fenómenos..

 

Sí, claro. La cuestión es que eso mismo puede andar bien; que haya esa posibilidad de que ese recuerdo hipernítido aparezca es algo a cuenta de beneficios del propio análisis. Ahora, la diferencia estaría, en cuanto al deseo del analista. En el caso de  Freud era el de encontrar el último jirón, el último reducto del recuerdo que confirmara la verdad de la construcción (y lo que Lacan le cuestiona  está en esa línea); el paciente llamado el hombre de los lobos, debía confirmar con su recuerdo de que había visto efectivamente a los padres en coito a tergo la validez de la teoría que Freud analista estaba construyendo; era tan necesario para diferenciarse de Jung en ese momento, ganar su discusión con Jung en relación a la fantasía. Jung le criticaba que la fantasía o las construcciones que uno podía hacer en psicoanálisis relativas a la fantasía, tenían más que ver con situaciones actuales proyectadas en el pasado. Era una cuestión fundamental para Freud. Jung planteaba que lo recuerdos infantiles eran hechos actuales proyectados hacia la infancia como defensa. Entonces, Freud se ve obligado, en su discusión con Jung, a encontrar la confirmación en la clínica. Y lo lleva al hombre de los lobos a un punto que ejerce un poder, que Lacan de alguna manera denuncia, de llevarlo hasta la desesperación de demostrar lo real de ese fantasma. Es en este momento donde se produce  lo alucinatorio.

 

Esta es una cuestión, y ahí sí, lleva a un punto en donde la posición en la que coloca al paciente es la de sometimiento, de exceso. Reproduce el exceso de goce del Otro que hay en estas vivencias prehistóricas, que arman de alguna manera la fantasmática. Ahora, no obstante, uno podría decir que una construcción que no esté dominada por ese afán demostrativo intenta conjeturar sobre esta laguna prehistórica que se presenta en el material, mientras no se pretenda buscar la confirmación de la construcción como algo efectivamente acaecido es perfectamente funcional al tratamiento. Puede producir el retorno de esas vivencias hipernítidas. Esto me parece interesante, porque hay vivencias hipernítidas en los análisis. Yo no sé la experiencia de ustedes, pero a mí se me ha dado de encontrar estas situaciones, donde el paciente no confirma en el sentido de “sí, recuerdo esto”; pero a la manera de ensoñación dice “me acuerdo de algo muy vívido”, que en general bordea, es un recuerdo pantalla; pero que tiene un carácter de visto y oído.

 

Participación: Quizá esto que vos llamás ... lo visto y lo oído tiene que ver justamente con la pulsión.  Me parece que muchas veces cuando se tratan los recuerdos de hipernítidos ... tiene que ver con vivencias que retornan, que pueden fortalecer los sentimientos. La vivencia pura que tiene que ver con lo pulsional es tocada por la construcción. Porque la construcción apunta a eso, a una moción  pulsional que insistía....

 

Pienso que la construcción apunta a constituir un relato, a crear un relato ahí donde no lo hay.

 

Participación (sigue de arriba): a crear una ligazón donde no la había, en ese sentido.

 

Sí, en ese sentido la construcción bordea, muerde algo de lo real. Efectivamente es un relato que se introduce. Por eso decía, que es válida la diferencia que hace Freud con respecto a la interpretación, porque la interpretación trabaja sobre el relato haciendo modificaciones en la textura del relato. El fragmento que agrega la construcción es un relato en sí.

 

Participación: a mi me parece interesante saber cuándo aparece la construcción, porque a Freud después del año 20 ya no le quedaba técnica posible para abordar lo que venía viendo. En el sentido de que no alcanzaba la interpretación. Es decir, también se puede pensar que no en cualquier momento puede (aparecer) la construcción,

 

Participación: eso es lo interesante, porque una de las cosas que Freud plantea es que es una labor preliminar, en el sentido que plantea Luis. Labor preliminar de la continuidad de trabajo de la interpretación, si se quiere.

 

Eso es importante porque no cierra. Porque no debe quedar muy ligado a algunos discursos  que plantean a la construcción como final, casi como final de análisis; en el sentido de la construcción de fantasma. A mi me pareció que había que darle otro valor a la construcción, que la construcción se va formulando durante el tratamiento. Es lo que se va formulando durante el tratamiento.

 

Participación: Lo que a mí me parece,  es que la construcción tal cual está planteada por Freud, tiene un sentido (que, me parece, no tiene vigencia) por el riesgo del goce del analista. No hay mayor goce, para cualquier sujeto que demostrarle a otro algo ... Están en el contexto de lo que dice el sujeto analizante, pero genera un nuevo texto porque lleva a otra cosa ... esta es la verdadera construcción ...no a la remisión a la constitución de ese fantasma, no a tirarle eso por la cabeza.

 

Lo que me parece importante subrayar es que justamente no se trata de tirar nada a nadie, creo que eso queda claro. Salvo en esas formas de intervención que están fuera de lo que es el trabajo de la construcción analítica. El trabajo de la construcción se hace a lo largo del tratamiento, y se relaciona con lo que se va a ir constituyendo en ese análisis como un relato y que pueda ocupar ese lugar, al que  Freud llama la laguna prehistórica, de lo visto y lo oído.  Esa construcción de lo fanstasmático se va haciendo a lo largo del tratamiento y, para que tenga verdaderamente fuerza de veracidad y convicción para el paciente, no puede solamente tener su apoyatura en ese universal teórico que maneja el analista; sino que tiene que estar sostenido en lo singular del material que va aportando cada paciente. Efectivamente, el problema que la construcción  plantea es el del lugar de la teoría en el análisis, que no es un tema sencillo de liquidar. En toda construcción, se lee un sistema teórico al que adscribe el analista. Una cosa es aplicar ese material teórico al paciente como forma de dar sentido, y otra cosa es el trabajo que eso hace en su experiencia del inconsciente. Pero, efectivamente, hay una diferencia. Es importante sostener esta diferencia freudiana, si bien también dice que una interpretación se construye, Freud dice claramente en ese mismo texto que opera sobre esos elementos singulares del relato, presentados como fallidos, sueños, lapsus, etc., lo que yo llamaba los nudos de la textura, produciendo nuevos textos, produciendo nuevas asociaciones, abriendo el campo deseante. La interpretación tiene que ver con el deseo, la producción misma de la interpretación es una producción del deseo. No es que la interpretación interpreta el deseo, es la interpretación misma la que está dentro del campo del deseo. Y otra cosa es lo que Freud plantea como ese relato que pretende llenar una laguna de la prehistoria vivencial del sujeto. Ojo no la termina llenando nunca. Esto me parece válido para trabajar y para tener en cuenta

El psicoanálisis no es ninguna logoterapia, produciendo significante tras significante en un recorrido infinito, ni tampoco es la aplicación de ningún saber sobre la fantasía del paciente. Pero es cierto, tengamos en cuenta, que en todo análisis se producen construcciones que son efectivas y que tienen valor curativo en el tratamiento. Lo mismo que las interpretaciones que marcan rumbos y abren, por momentos, el campo deseante enormemente. Uno trabaja con la articulación entre el deseo y el fantasma. O sea que está trabajando todo el tiempo en el campo del goce y en el campo de deseo que se articulan. Y es justamente en la posibilidad de su articulación que podemos decir que le psicoanálisis tiene efectos terapéuticos; pero son dos campos que no implican el mismo andarivel del juego. Por eso, en el campo de los mecanismos psíquicos, uno responde más al juego de la represión, mientras que el otro responde más a la cuestión de la desmentida.

 

Participación: ...

 

Por eso digo que es un relato, y el relato tiene que ver con un lazo que permite darle coherencia a todo un texto. Lo que hace Freud en “Pegan a un niño” es introducir un relato que le da coherencia a todo un texto. Sin ese relato no tiene coherencia el texto.

 

Participación: si bien Freud lo dice y vos lo mencionaste como un introductor de la construcción, “para llenar las lagunas del recuerdo”; me parece que Freud se contradice con lo que está planteando ahí. Siempre pensé más la introducción de la construcción justamente en relación a que es imposible llenar las lagunas del recuerdo, y que justamente allí no hay recuerdo que venga a verificar. Por eso habla de prehistoria y no de historia, aunque la construcción que trae ahí  es la de la rivalidad edípica. Digo que él habla de prehistoria, siempre pensó la construcción más teniendo que ver no con la dimensión de las fantasías edípicas, sino con una dimensión donde no va a cegar el vacío  porque va a otro lugar. Pero pensando eso como aquello que no hizo, donde quedan marcas o trazas respecto de ese lugar en relación al otro, que no es tramitado edípicamente ni hace sujeto; pero deja alguna traza de goce en ... como que la construcción haría algo con eso.

 

Efectivamente. Dije anteriormente que la construcción opera a nivel conjetural y no del recuerdo; pone un límite al camino del recuerdo, de la rememoración o de la reminiscencia. Sí, cuando Freud dice la prehistoria y lo olvidado es una contradicción, porque no puede ser olvidado aquello que nunca estuvo en el recuerdo.

Por otra parte pienso que en lo edípico también se puede encontrar lo no constituido como relato. Es decir que hay algo en lo edípico, que no está bien integrado al relato del Edipo, tenemos siempre algo de la prehistoria del sujeto en el transcurrir edípico de un sujeto, es decir  que no podría ser reducido al  puro relato triangular.

 

Participación: ... en lo mas estructurado del sujeto en lo apolíneo está también lo dionisíaco del goce.

 

Bueno, seguimos la vez próxima. Pienso hablar del valor del silencio, de lo no dicho, en la cura. Les agradezco la presencia y el diálogo que tuvimos.

 

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