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Alteridad Y Escena Transferencial- Reflexiones sobre el lugar del analista y la práctica clínica. Segundo Tiempo Lic. Cintia Dafond |
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Este escrito, que asume la forma de un relato, se produce en el marco del trabajo de este año en la Red ... que tomó como eje convocante : ‘‘La presencia del otro en la trama subjetiva. Lenguas, gestos, miradas.’ Inicio el recorrido de lectura en el ensamble entre esa convocatoria, reflexiones sobre mi práctica clínica y algunos aportes que tomo de una psicoanalista francesa, Piera Aulagnier, en relación al valor que sitúa para los actos del otro , en su carácter de existentes , es decir proviniendo de un espacio exterior al yo en el devenir de la subjetividad. Actos marcados por un signo de realidad del orden del hacer, del gesto. Entonces el valor de actos de presencia del otro , efectivamente acontecida y su efecto en el devenir de la subjetividad en momentos constitutivos pero también el lugar del otro como función en el devenir de la subjetividad a lo largo de la vida puesto que el otro con su existencia trae tanto el encuentro con la diferencia que impone exigencia de trabajo al psiquismo como la posibilidad de hallar instantes de coincidencia que le otorgan al yo una conformidad entre sus representaciones acerca del mundo y aquello que efectivamente encuentra .Estos instantes vinculados al hallazgo de placer de representación pero también al placer sensorio son los que reinstalarían cada vez en el devenir de la subjetividad , el anhelo en lugar de la desolación. Desde aquí parto a interrogar la clínica entendiendo que la recepción por parte del analista de la demanda que le formula un sujeto en relación a su padecimiento lo ubica desde el inicio en un lugar en el cual el modo en que sostenga sus actos de presencia será decisivo para la instalación de un tratamiento y para propiciar una modificación en la posición subjetiva del analizante. Les decía que desde aquí parto para interrogar la clínica , pero algunas ideas que surgieron en el tiempo de la interlocución con los colegas de la red de investigación , posteriormente a la presentación de un primer momento de trabajo con estas cuestiones me despertaron interés. Se discutió en esa oportunidad acerca del destino en la comunidad analítica de los aportes y consideraciones teóricas y técnicas de distintos autores , de lo que se margina en relación a una línea teórico-técnica hegemónica , en definitiva , entiendo , de lo que constituye tanto el propio flujo de las ideas en todo campo del conocimiento como la incidencia de la política dentro de la comunidad de los analistas . Así que me dispuse a rastrear lo que diferentes autores enunciaban sobre el concepto presencia del analista. A poco andar entré al campo estético de la Torre de Babel pero, lo que fue más interesante es que allí, en Babel, encontraba fragmentos , pasajes , de mi propia experiencia clínica . Estrategias que he sostenido a lo largo de mi práctica sin que por eso me sintiera identificada a priori con determinado autor o conociera exhaustivamente la lógica interna de las teorías que las sustentaban. Voy a intentar transmitirles algunas de esas ideas coexistentes simplificada y sintéticamente organizadas en dos ejes: 1. ¿ Cómo se trata con el yo del analizante ? Algunos sostienen la importancia de sostener y estimular con el yo la alianza terapéutica. Habría allí la idea de una zona libre de conflicto en el yo apta para reconocer junto al analista las resistencias que se oponen al progreso de la cura y proponen un lugar activo para el analista en relación a solicitar la cooperación del paciente explicitando incluso razones de la técnica. Dándole un estatuto similar al yo en el tratamiento , existen autores que afirman la importancia de reconocer y admitir como correctas las percepciones que el analizante hace del analista y que son reales , es decir que responden a rasgos del estilo personal del analista fundamentando esta estrategia en la importancia de sostener la confiabilidad del sujeto en su propio juicio de realidad. Anna Freud sostiene que el paciente inicia el análisis con una actitud realista hacia el analista , luego la transferencia adquiere relevancia constituyendo la neurosis de transferencia que es necesario solucionar analíticamente hasta que la figura del analista vuelve a surgir reducida a sus verdaderas dimensiones. La idea es que no se debería olvidar que analista y paciente son también dos personas reales porque este desconocimiento tendería a obstaculizar la desidealización del analista. Por otro lado esta admisión solventaría la confianza en el analista teniendo en cuenta que si bien el borramiento metodológico de su persona es el operador técnico del psicoanálisis los pacientes tienen muchas oportunidades de conocernos por la percepción de un sinnúmero de detalles marginales que acompañan nuestra presencia. Otros autores sostienen que siendo el yo esencialmente resistencial no se podría considerar allí la búsqueda de acuerdos ni aptitud para juzgar con el analista lo que ocurre en el tratamiento, lo que además llevaría a encerronas imaginarias de yo a yo. La presencia del analista ya es manifestación del inconsciente y el lugar del analista es el de la interpretación. La cuestión en juego en un análisis es la del sujeto como efecto del significante, la relación del sujeto con la pulsión y no la del yo con la realidad. 2. La incidencia de la contratransferencia. La pluralidad va desde considerar el análisis de la contratransferencia como fuente de la interpretación , a remitirla a puntos ciegos , puntos no resueltos en el análisis del analista. De considerarla como marca de la represión en el analista de lo que recibe del significante en transferencia a la consideración de toda una gama de hipótesis sobre problemáticas psíquicas especificas , sobre modos de funcionamientos del psiquismo ,vinculadas a la presencia de determinados fenómenos contratransferenciales. Entendiendo que en estos fenómenos se reciben comunicaciones que el analizante no puede expresar de otro modo existen una serie de desarrollos teóricos en torno a lo psicosomático , las adicciones , las llamadas patologías de vacío ,etc En otras opiniones los fenómenos contratransferenciales , en tanto se hacen presentes en el seno de la relación transferencial merecen ser interrogados. Teniendo muy en claro que en un análisis la única subjetividad en juego es la del analizante, la interrogación de estos fenómenos abriría la investigación en relación a cómo operan los indicios de lo percibido como material no significante en las construcciones e intervenciones analíticas en general en el punto de poder precisar los elementos en juego en la producción de dichas intervenciones. La pluralidad de criterios está a la vista. Ahora bien , el espacio donde adquiere su función el deseo de analista , el espacio-tiempo de la clínica. Las modalidades de presentación de aquellos que nos consultan, la vitalidad inherente al devenir de la subjetividad enraizada en la perspectiva histórico-social. Digo entonces , la naturaleza de la clínica ¿no nos convoca a lo iconoclástico? Digo , el “estar allí”del analista, en el encuentro con la diversidad que la singularidad nos plantea ¿ no nos vemos llevados a generar las condiciones para operar analíticamente a través de distintas estrategias? ¿No somos invitados a acompañar al otro iconoclásticamente a sabiendas que lo esencial no está en la forma? Leí , hace pocos días en un trabajo de una colega de Brasil que la pluralidad de criterios que existen en el campo del psicoanálisis es para algunos el signo de su debilidad y despedazamiento y para otros la marca de su fertilidad. Podríamos formular que la diversidad se vincula a la particularidades de la clínica del caso por caso pero también que la heterogeneidad de criterios es propia de todo intento de alcanzar la verdad en la construcción del conocimiento que nos confronta a la parcialidad de la verdad al limite en aprehenderlo todo. Desde esta perspectiva las conceptualizaciones son acercamientos necesarios a comprender las encrucijadas y enigmas que nos plantea nuestra disciplina cada vez . Quizás la fertilidad se esteriliza cuando se acentúa un solo aspecto como llave maestra en la conducción de “los tratamientos” o se acentúa un solo aspecto en la conceptualización de los problemas clínicos pues allí , en el dogmatismo se avecinarían , la ceguera , la sordera y la máscara como velo de interferencia en la conexión del analista con la alteridad del analizante. La posición del analista se produciría entonces, entre la soledad de la experiencia en la escena transferencial posición que ocupa desde la convicción de la existencia del inconsciente y la necesariedad de formalizar, pensar críticamente sobre su hacer y los efectos del mismo. En ese tiempo de la teorización se inscribe la posibilidad de encontrar la vigencia de los fundamentos del corpus teórico del psicoanálisis y encontrar la coincidencia con la experiencia de los otros que forman la comunidad analítica pero también el encuentro con las diferencias que al interrogarnos nos imponen una renovada exigencia de trabajo y enriquecimiento de nuestra disciplina. Qué fundamentos constituyen el esqueleto del cuerpo teórico del psicoanálisis? Inconsciente , represión , sexualidad infantil y transferencia. Freud nos legó los principios técnicos : asociación libre - atención flotante .Neutralidad y abstinencia , y dos tareas centrales en la conducción de una cura: interpretación y construcción. También nos señaló que cada analista tendría que desplegar la técnica al modo de su estilo personal. La presencia del analista en Freud remite a la presencia de una escucha y a la existencia de la interpretación y la construcción en transferencia enmarcada en el ejercicio de una ética. Dejó planteados los problemas y límites que las psicosis ofrecían al tratamiento analítico. Después de Freud el psicoánalisis no solo avanzó sobre sus fronteras sino que los analistas se insertaron en distintos espacios sociales donde reciben demandas vinculadas al padecimiento subjetivo. Sus intervenciones puntuales no devendrán necesariamente en un tratamiento psicoanalítico , pero al decir de Winnicott hay intervenciones que no constituyen un psicoanálisis pero que solo un psicoanalista puede hacer. La presencia allí ,es presencia de una escucha que puede devenir en un acto. En la experiencia clínica suelo encontrarme con demandas en relación a malestares difusos que no revisten en principio la categoría de síntoma , por lo cual la presencia de la actividad del analista la pienso ubicada en principio, en contribuir a constituirlo .Podría formular en este sentido la existencia de una actitud particularmente interrogativa hacia los significantes por los que se hace representar el sujeto que consulta- En un tratamiento en curso , ante una profunda crisis de angustia , probablemente tenga que hacerse presente el analista como moderador de esa angustia , como referente estable para contener estados afectivos intolerables. Es en este sentido que tengo afinidad por entender a la escena transferencial como escena producida a instancias de una demanda inicial vinculada a la búsqueda de alivio del padecimiento psíquico , es decir que se inscribe dentro de una práctica psicoterapéutica . Que desde esa posición inicial se trabaja con las herramientas que la formación psicoanalítica aporta y que la experiencia me señala que en los análisis existen instantes analíticos privilegiados que son posibles porque existe un marco otorgado por la presencia del analista en el estricto sentido freudiano de la atención flotante y por el ejercicio de una ética : neutralidad y abstinencia que sitúa al analizante en relación a su deseo. Pero también que en ese marco , en la preservación de esa escena transferencial se incluyen esas estrategias presentes en los criterios antes comentados acorde a eso que llamamos el ritmo del trabajo clínico, que acerca nuestra tarea a lo artesanal y que se condensa en lo se suele llamar “ el tacto clínico” que remite a mi entender ,al modo de tratar con el otro, con el yo del otro en su singularidad. Lic. Cintia Dafond. Octubre de 2002. Fuentes bibliográficas. · Revista de la Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. N° 20 Contratransferencia.1994 · Joyce Mc.Dougall Alegato por una cierta anormalidad. Paidós · Donald Meltzer El proceso psicoanalítico. Horme · Zona Erógena. Revista Abierta de Psicoanálisis y Pensamiento Contemporáneo. N° 33 .1997 · Revista de Psicoanálisis LVIII. Publicación de A.P.A. · R.R.Greenson. M. Wexler La relación no transferencial en la situación analítica. Ficha traducida del Internacional Journal of Psychoanaysis.1969 · J. Lacan Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Sem.11 · S. Freud Esquema del psicoanálisis. · P. Aulagnier Los destinos del placer. Alienación. Amor. Pasión. Piados
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